No hace mucho habría salido corriendo a la primera de cambio. Me encerraría en mi cuarto y probablemente me pondría a llorar como tantas veces he hecho. Abriría la boca para arrastrarme suplicando una vuelta atrás. Llamaría a veinte falsos amigos para consolarme con su falso interés y sus falsos consejos.
Es bastante curioso, si, ni siquiera recuerdo el momento exacto en el que decidí aguantar lo que vendría en vez de salir corriendo; en el que preferí llorar menos y sin esconderme; en el que me prometí no volver a arrastrarme y afrontar las cosas; el momento en el que escogí a mis dos-tres amigos verdaderos antes que a los veinte farsantes...
No lo recuerdo ni haré el esfuerzo de hacerlo, tengo claro que di un gran paso hacia adelante y que nada ni nadie volverá a hacerme retroceder.
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