lunes, 25 de abril de 2011

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Un día vi una flor. Pero no era una flor cualquiera, ni estaba en un lugar cualquiera.
Su delicado tallo se enredaba como una serpiente a la basura de la que estaba rodeada.
Increíble, como se aferraba a la vida entre tanto desperdicio.
Pero allí estaba, resplandeciente. Con sus cuatro rugosos pétalos bien abiertos; luchando cada segundo por una sola brizna de sol mas.
Y al verla ahí, tan delicada, tan frágil pero tan llena de fuerza; reluciendo entre la mugre y la suciedad; sola pero orgullosa, recordé lo que era la esperanza, el luchar por esas cosas que se esconden en una sociedad vomitiva. 
Por eso, exactamente por eso; por las flores que crecen en la basura; por el rayo de sol que consigue colarse por un recoveco de una cueva... por  todos esos pequeños detalles que hacen que la vida sea un poco mas bonita.
Merece la pena seguir luchando.

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